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América Latina intenta una nueva normalidad

septiembre 14, 2020

El continente más afectado por la pandemia decide país a país, ciudad a ciudad, cuál es la mejor manera de convivir con el virus

Hola, espero que se encuentren bien, por aquí les saluda Alejandro Díaz. Ya han pasado seis meses desde que se declaró como una pandemia el nuevo coronavirus, y en ese tiempo han ocurrido cantidad de cosas: Ensayos y errores, desconfinamientos, vuelta a las cuarentenas y rebrotes, y a pesar de que la llegada de una vacuna está más cerca que nunca, la realidad es que para que llegue a todos los países del mundo falta bastante, por eso el mundo intenta adaptarse a esta nueva era.

Ese es el caso de Latinoamérica, que a pesar de ser la región más afectada por la pandemia actualmente recorre un camino intrincado a la normalidad y a medida que eso pasa los habitantes de todo los países tratan de reconstruir su vida cotidiana de manera que pueda evadir los contagios. Pero, por ahora, lo que cada uno entiende por “cuidado” es muy distinto.

pandemia en el mundo

Pero cada país tiene sus particularidades epidemiológicas. La encuesta periódica que hace el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT por sus siglas en ingles) viene haciendo desde mayo develando diferencias muy significativas entre las doce naciones latinoamericanas en los que se realiza.

Algunas tienen que ver con el grado de contagio real: efectivamente, la ciudadanía uruguaya está menos alerta, tal vez porque es, sencillamente, el país con menor incidencia de la epidemia en la región. En el otro extremo, que países como Perú o Ecuador, lugares donde el virus se ha ensañado, tengan a más de un 80% de sus poblaciones notablemente preocupadas no sorprende. Es decir, el riesgo que representa el virus para cada país es mayor del continente es mayor que en otros.

México, por ejemplo, no ha tenido una epidemia particularmente benévola. Más de 60.000 muertes confirmadas y uno de los ritmos de contagios más sostenidos del mundo.

Ahora, a medida que se tantea la nueva normalidad, la ciudadanía se hace las siguientes preguntas: ¿Dónde ir? ¿Cómo? y ¿Con quién?

La mascarilla, tapabocas, cubrebocas o barbijo se va convirtiendo poco a poco en una exteriorización del cuidado, una marca de responsabilidad con uno mismo y con la sociedad. Su presencia hoy es como la sonrisa o el gesto amable en un territorio hostil; su ausencia, lo contrario. Y, efectivamente, América Latina parece de acuerdo en que se trata de un instrumento extremadamente o muy efectivo

Ahora bien, las divergencias resurgen cuando se considera el siguiente gran componente del contagio: la cercanía entre personas. El trabajo se ve como inevitable para aproximadamente una mitad de la ciudadanía. Pero, sorprendentemente, la voluntad de ir a una playa no es muy distinta que la de acudir a un restaurante, siendo que el contagio en el segundo es mucho más probable que en la primera

También hay, en cualquier caso, variedad en los países. Por ejemplo: Perú, que presenta voluntades comparativamente bajas de acudir a lugares a máxima capacidad, no está último en restaurantes, algo que probablemente tiene que ver con su cultura gastronómica.

A la hora de que la responsabilidad cae en los ciudadanos de cada nación, su realidad contiene muchas aristas, tantas como intereses, que juntas caben en una balanza de riesgos, costes y beneficios que se está concretando de manera notablemente distinta en cada rincón de América Latina.